





Los 15.5 billones de pesos en ganancias de Ecopetrol es noticia de primer plano, el reverso de la medalla no, esas utilidades se generan en gran medida gracias a que los colombianos pagamos la gasolina más cara. En el tema energético hemos sido poco afortunados.
los precios de los combustibles. Después de lograr autosuficiencia con una calidad regular, se optó por desmontar los subsidios, dado el costo fiscal, y propender por un precio acorde con los estándares internacionales. Hasta ahí se encuentra algo de lógica en la decisión, pero es precisamente donde comienza el camino del calvario, somos el cuarto país más caro del mundo en cuanto a precios de combustible, después de Noruega, Holanda y el Reino Unido.
El Gobierno decidió establecer como referencia para el precio el fijado para un galón de gasolina puesto en Houston y negociado en Nueva York, NYMEX, no obstante que el crudo es colombiano y lo procesamos aquí. Es así, que pagamos por nuestra gasolina el doble de lo que les cuesta a los gringos, a pesar que estos tienen un ingreso per cápita 10 veces superior y naturalmente mayor capacidad de gasto.
El fundamento para fijar este precio fue el del ‘costo de oportunidad’, argumento deleznable válido para la empresa privada que persigue la maximización de utilidades, pero no así para el Estado, que pretende fines superiores de carácter social. La razón parece ser fiscal y lo que se busca es solvencia para mantener un alto nivel de gasto público. De ser así, se convierte en camuflaje de un tributo muy costoso y el Gobierno se atribuye funciones que por constitución corresponden al Congreso, como es la de fijar gravámenes.
En conclusión, el éxito de Ecopetrol se basa en que es monopolio para la producción de combustibles, y el precio lo fija el Gobierno sin tener en cuenta razones de mercado. De acuerdo con estándares internacionales, la producción de Ecopetrol es ineficiente y costosa tanto en la explotación como en la refinación. Sumado a lo anterior, pagamos los impuestos más altos del mundo en combustibles.
Si hay racionalización de precios de los combustibles, se liberan unos 4 billones de pesos que con incentivos apropiados van a la inversión total. El desmonte del factor inflacionario genera una baja en las tasas de interés y el crecimiento económico experimentará el impulso necesario para entrar por la senda del desarrollo.