Amelia Toro, tiendas de moda en New York, París y Japón, con arte indígena y empleo a madres solteras

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Nueva York. Dic/03/2015. Se crió entre Bogotá y los Estados Unidos; esta dualidad cultural le dio un mejor entendimiento del mundo. Hacia sus 15 años, se inició en la moda por una tía y una modista, de las que aprendió las bases de la costura. Posteriormente estudió en Rhode Island School of Design y Parsons en Nueva York. Amelia Toro lleva más de 20 años conquistando las grandes pasarelas del mundo, con desfiles en Nueva York, Colombia, París, Japón y Madrid. La colombiana se ha abierto camino y ha posicionado su nombre entre los grandes. Actualmente sus prendas se venden en más de 17 localidades en Estados Unidos, Dubái, Canadá, Japón, Suiza y otros países de Europa.

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Las prendas de la diseñadora son hechas en Colombia, en su taller de Bogotá, donde se emplean más de
100 personas. Las fibras y las materias primas utilizadas para concebir las colecciones minimalistas, con aires asiáticos cargadas de sensualidad y femineidad, vienen de las mismas empresas con las que trabajan marcas de la talla de Chanel y Lanvin. La diseñadora Amelia Toro no se contenta con vestir a mujeres elegantes. En Colombia, entrena y da trabajo a madres solteras para contribuir “de manera significativa”, como dice ella, a la sociedad.

En una inmaculada tienda de Manhattan, Toro está presentando su nueva colección en la Semana de la Moda de Nueva York: una línea “mezcla de colegiala inglesa y renacimiento” que es presentada por seis modelos de cabellos cuidadosamente alisados.

“Hay muchos cuadros escoceses, algodón suizo (…) Hice traer todos mis tejidos de Europa”, cuenta a la AFP esta apasionada de las telas que divide su tiempo entre Nueva York y Bogotá. La diseñadora destaca las minuciosas terminaciones de bordado rojo sobre piezas blancas y la influencia del arte indígena tradicional en su producción.

Pero Amelia Toro se apresura en hablar de su otra pasión: “Contribuir de forma significativa a la sociedad a través de la moda (…), ayudando a las madres solteras con una formación y un empleo”. Según contó la estilista formada en Estados Unidos, todo comenzó en la Rhode Island School of Design, luego en la Parsons de Nueva York, y a partir de la época en que Toro trabajaba en India y veía a las mujeres coser en cadena la misma pieza durante horas y horas. “Yo no habría sido capaz”, comenta. “Las admiro”.

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“Volví a Colombia, creé mi pequeño taller y me dije: ‘Voy a cambiar nuestra manera de trabajar'”. Eso fue hace 20 años. Al contrario que en el trabajo en cadena, su misión es formar a sus empleados, a menudo madres solteras, para que sean capaces de realizar una pieza de principio a fin. Luego los costureros firman con su nombre la etiqueta del modelo que acaban de crear. “Lo hago porque creo en eso”, explica la diseñadora de voz dulce, recordando que, con un empleo, estas madres pueden visualizar un futuro mejor para sus hijos.

Trabajo social

“Para mí es importante saber que estoy dando algo”, dice Toro, subrayando que tiene la suerte de hacer su propia producción. Aunque acepta que este trabajo no es necesariamente fácil y que la formación puede tomar años. “En este sector, muchos llegan con escasas nociones sobre cómo se fabrica una pieza completa”. Ahora bien, para ella, se trata de un compromiso “de dos vías”.

Amelia_Toroninas“Nosotros los entrenamos. Y ellos tienen que trabajar duro”, prosigue, refiriéndose en particular a las estrictas exigencias de calidad que están vinculadas a su producción. En total, unas 50 mujeres y algunos hombres trabajan en su taller. “Y un gran porcentaje de ellos”, dice, vienen de hogares uniparentales. Amelia Toro también vende creaciones de artistas indígenas en su boutique de Manhattan, con la idea de ayudar a “promover el legado” precolombino. Y, según ella, la gente ni se imagina el trabajo que hay detrás de estas piezas. Sus creaciones son elegantes y a la vez cómodas.

“La femineidad es muy importante para mí, es nuestra arma”, sonríe esta exbailarina de flamenco y ballet clásico, cuya vida dio un vuelco tras un grave accidente en su adolescencia. “Y el movimiento… es tan hermoso cuando ves a una mujer caminando por la calle…”. (Con información de Afp)