Mario Chamorro, embajador de la felicidad de Naciones Unidas al mundo desde Nueva York

Colombia New York. Ibernet MediaMario Chamorro1. Llegó a Nueva York en 2003. Venía como la mayoría, lleno de sueños. Pero Mario Chamorro traía en su interior un positivismo e ingenio sin límites. Ni ni siquiera el cáncer que le diagnosticaron le detuvo. Este pastuso llegó a Nueva York con el gran sueño de estudiar en la Universidad de Columbia. Y su positivismo lo convirtió en realidad, pues se los contagió a los directores de la Universidad. Comenzó de valet parking en Manhattan, y lucho con disciplina y creatividad por sus sueños hasta convertirse a los pocos años en el embajador de la felicidad de Naciones Unidas.

El colombiano extiende por el mundo el Happy Post Project con la pregunta ¿Qué nos hace felices?

Chamorro, de 35 años, creó el Happy Post Project para que la gente contestará en un papelito amarillo a la pregunta: ¿Qué nos hace felices? Lo que comenzó como una terapia, como una invitación a la felicidad, terminó convirtiéndose en un movimiento mundial que se extendió por Estados Unidos, Europa, Oriente Medio, Asia y Latinoamérica. Cuando el alcalde de Tokio conoció del movimiento de Chamorro, llamó al colombiano para que llevará sus papelitos amarillos a la estación de Metro más concurrida de la capital japonesa para que los habitantes se contagiaran de la alegría  del colombiano, a los pocos meses del terremoto.

Chamorro fue llamado por el alcalde de Tokio para dar “energía positiva” a los japoneses tras el terremoto

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Por José Manuel AcevedoMario Chamorro2

Por qué le llaman post-it? Para apuntar razones, alertas o tomar notas fugaces que terminan pronto en la basura. Para Mario Chamorro, un joven nacido en Pasto, son, sin embargo, instrumentos transformadores de la realidad que le permiten plasmar y esparcir felicidad. En menos de un año, más de 20.000 personas en todo el mundo le habían contestado, precisamente con un Sharpie y un post-it en la mano, una de esas preguntas cuya respuesta parece tan obvia y, no obstante, olvidamos con frecuencia: ¿qué nos hace felices? Hoy los pots ya superan el millón.

Se trata de un experimento social diseñado por este colombiano, cuya vida, dirían algunos, no es la más feliz de todas. Con su título de administrador de empresas, Mario viajó en 2013 a los Estados Unidos a probar suerte. Apenas llevaba lo indispensable para vivir unos días y encontró trabajo como valet parking en Nueva York. Soñaba con estudiar en la Universidad de Columbia -de las más caras de ese país- y aunque parecía absurdo para un inmigrante que apenas tenía con qué comer y dónde dormir, decidió presentarse y fue admitido en uno de los programas de altos estudios energéticos más prestigiosos de ese centro educativo.

Mario Chamorro3Si ya era difícil ser aceptado, parecía imposible conseguir inmediatamente el dinero que costaba su maestría. Fue así como decidió acudir a la decanatura de estudiantes en Columbia y pedir apoyo, a pesar de saber que los subsidios y las becas se entregaban solo a ciudadanos estadounidenses. Pero días después, recibió una llamada en la que le informaban que su excepcional entusiasmo y la forma en la que se dirigió a los directivos de la universidad le habían hecho acreedor de una ayuda por 15.000 dólares.

Aún no era suficiente, así que contactó por más de dos semanas a diferentes amigos y conocidos, que le dijeron que no tenían cómo ayudarle. En su desesperado camino, Mario se encontró con una de las instituciones de préstamos educativos más grandes de los Estados Unidos, y alguno de sus directores resultó estar casado con una colombiana, oyó su historia y tramitó un préstamo exprés que le permitió a Chamorro adelantar sus estudios en Columbia y ser contratado por una empresa de la bolsa de Nueva York, donde estuvo laborando para seguir pagando los estudios.

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Cuando la crisis estalló, hace unos meses, se quedó sin empleo y quedó en la calle otra vez, con un diploma debajo del brazo que representaba días y noches enteros de esfuerzo académico y angustias económicas, pero que no era suficiente para permitirle una vida digna en un país ajeno que comenzaba a enfrentarse a una pérdida masiva de empleos. Su salud tampoco estaba bien. A Mario le fue diagnosticado un cáncer que requería tratamiento urgente.

Dedicados a labores agrarias en Nariño, sus padres hablaban con frecuencia con él para darle ánimos, pero nunca pudieron decirle que las cosas por Colombia marcharan mejor. Un día, sentado en un bar, su mejor amiga le preguntó si en medio de tantas dificultades todavía podía considerarse feliz. La respuesta fue afirmativa. Mario no había perdido su optimismo, pero le interesaba saber si, como él, la gente era feliz y si más allá de lo material y de la cruz con laque todos cargamos había razones para encontrar la felicidad.

 

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Sacó unos marcadores que llevaba en su mochila y los repartió junto con servilletas por todas las mesas, pidiéndoles a los presentes responder esto: y a usted, ¿qué lo hace feliz? “El ánimo de todos comenzó a cambiar. La gente se mostraba sorprendida; al final, reparaban en aquello que les sacaba una sonrisa y esa noche más de uno me dio las gracias. Yo no había provocado su felicidad, simplemente, les ayudé a recordar todo aquello que les inspiraba emoción, ganas de vivir”, cuenta.

Desde entonces, fue reclutando colaboradores de todo el mundo para formar el Happy Post Project, iniciativa que se ha extendido por los Estados Unidos, Europa, Oriente Medio, Asia y Latinoamérica, “empoderando a la gente en la búsqueda de su felicidad, con el convencimiento de que las personas felices pueden cambiar el mundo”, como define el propio Chamorro su misión.

Mario Chamorro6Se trata de jornadas callejeras en las que invita a la gente a responder la pregunta clave sobre su felicidad. La idea llegó a oídos del Alcalde de Tokio, quien invitó a Mario a organizar una de estas convocatorias en la estación de metro más concurrida de la capital japonesa, pocos meses después del terremoto. “Los japoneses llenaron las paredes de post-it hablando de lo que los hacía felices en medio de las dificultades por las que estaban pasando. Me di cuenta de que siempre hay motivos para ser feliz, solo que a veces cuesta encontrarlos. ¿Qué tal si empezamos por buscarlos?”. A todas estas, ¿qué es la felicidad? Filósofos, sociólogos y psicólogos se han ocupado de ella sin lograr consenso. Solo existen mediciones globales al respecto. ¿No es sorprendente que así como Colombia encabeza los listados de países más violentos y en el tema de la Justicia el más ineficiente del mundo, esté en los primeros puestos de los sondeos que miden la felicidad?

Para el Happy Planet Index, desarrollado por un centro de investigación independiente, Colombia figuraba en el 2006 como el segundo país más feliz del mundo, después de Vanuatu, y en el 2009, descendió al sexto lugar, pero se mantuvo entre los 10 primeros. Según el World Database of Happiness, de la Universidad de Rotterdam, en la última década, Colombia ocupa el puesto número 12 entre 146 países.

“No intentamos imponer una definición. Cada quien sabrá lo que lo hace feliz, pero en esa búsqueda muchas veces terminamos encontrando elementos comunes que hacen que pensemos en conceptos compartidos de felicidad”, agrega Mario. Ya hay más de 70 voluntarios que trabajan de tiempo completo en el proyecto que lidera este joven nariñense, quien ha visitado Dubái, Toronto, Bogotá y muchas capitales del mundo, esculcando en el alma de la gente.

Mario Chamorro10“Puede que, por mi enfermedad, mi vida sea más corta y por eso mismo estoy empeñado en ser feliz contrarreloj, aprovechando cada minuto como si fuera el último, preguntándome y preguntando qué hace felices a los demás”.
Hoy, el cáncer de Mario está siendo tratado por médicos en EE. UU. y ha reaccionado positivamente a las intervenciones que se le han realizado en los últimos meses. De hecho, cada vez que ha sido internado en una clínica, Chamorro aprovecha para “esparcir felicidad” entre pacientes y personal médico.

* Para saber más del Happy Post Project, consulte http://happypost.org/#prettyPhoto[3425-“A Million Ways”]/0/